Las órdenes profesionales son las guardianas y las promotoras de la competencia profesional. Ellas disponen de herramientas para garantizar la competencia de sus miembros. En primer lugar, establecen las normas relativas a la admisión para la práctica. Apoyándose sobre su conocimiento del contexto y del contenido de la práctica en el mercado del trabajo, las órdenes determinan cada una un referencial de formación y otras exigencias con el objetivo de responder a las necesidades relativas a una práctica adecuada que minimice los riesgos de prejuicio. Apoyándose en este referencial, las órdenes profesionales verifican la competencia y la integridad de los candidatos para la profesión y se aseguran del mantenimiento de éstas últimas durante la vida profesional.
En virtud de su mandato, las órdenes profesionales deben conocer igualmente la realidad del mercado de trabajo, identificar las necesidades de formación en relación a la protección al público, establecer las exigencias y certificar la satisfacción de éstas. Conocen los cambios que se refieren a la práctica de una profesión y tienen en cuenta las normas que se elaboran y el control que exigen.


